Contratado y concebido por Pedro Echevarría, pero construido por Joseph de Echevarría ya que su padre muere al inicio de los trabajos.
Se trata de uno de los grandes órganos construidos en el último tercio del siglo XVIII y que representan el cénit en la evolución del órgano barroco en España.
También es el mayor y el último de los órganos catedralicios que se conservan de José Echevarría y de su dinastía.
Posterior a éste solo los de la catedral del Burgo de Osma y catedral de Zamora sobreviven pero tan profundamente reformados que se pueden considerar desaparecidos como instrumentos de su escuela.
En el órgano del evangelio las trasformaciones sufridas a lo largo de los siglos no le hacen perder su naturaleza y su concepción de origen por lo que es un testigo único de su momento y estilo.
Por ello su posición en el paisaje de la organería castellana es muy especial ya que junto al órgano de la Epístola forman un compendio de la historia y evolución de la escuela de Echevarría que es casi como decir del órgano barroco ibérico ya que en el de la Epístola se asientan los rasgos del estilo y el del Evangelio representa el cenit del mismo sin trazas de la decadencia que se iniciaría pocas décadas después.
Esta posición privilegiada se refuerza con la presencia cercana de los grandes órganos hermanos de la catedral de Toledo (1755-58) y de la catedral de Salamanca (1743-44), éste último restaurado por nuestro taller en 2006.
Si nos ceñimos a estos cuatro órganos citados tenemos toda la secuencia evolutiva de una corriente estética de desbordante creatividad que recorrió el siglo XVIII y se extendió por todos los territorios bajo la influencia de la corona de Castilla en su tiempo, y determinados rasgos, como la lengüetería de fachada, han sido incorporados hasta nuestros días en órganos de todo el mundo. La familia Echevarría fue la que incorporó por primera vez clarines de fachada en sus órganos.
Si bien hay otros órganos de importancia histórica muy relevante de la familia Echevarría como el de la catedral de Palencia (Fray Domingo de Aguirre 1691) , Monasterio de El Escorial o la Catedral de Sevilla , no nos pueden proporcionar mucha información ya que han sido completamente reformados en diferentes periodos históricos por lo que tenemos los datos documentales pero no los materiales.
Como ya hemos indicado la concepción estructural es común en los tres órganos más modernos, Salamanca, Toledo y Segovia y muy diferente al de la Epístola de la catedral de Segovia.
La primera diferencia es la doble fachada. Este recurso si bien no era nuevo se incorpora como un rasgo obligado a partir de Salamanca. Otra es la incorporación del órgano bajo o cadereta pero más propiamente llamado órgano de eco. Si bien en el de la Epístola en Segovia tiene dos registros en eco, Corneta y Clarín, no considera necesario un teclado independiente para este efecto siendo igualmente un órgano de gran envergadura.
En cambio en Salamanca se hace un relato muy definido en el contrato de lo que debe de ser este teclado para responder en eco a cada registro del órgano principal. En Segovia se continúa la idea de Salamanca y Toledo aunque en cada caso con sus particularidades.
La mayor diferencia de la disposición en el órgano del Evangelio de la catedral de Segovia con sus antecesores es el concepto de los dos teclados superiores. En Salamanca tiene un gran teclado principal que vierte a las dos fachadas, en Toledo con casi la misma composición se divide en dos teclados pero el del respaldo se reduce al flautado y la lengüetería de fachada. En Segovia se desarrolla esta concepción y tenemos tres teclados independientes con entidad propia. Siendo la cadereta común en los tres órganos, los dos teclados superiores son realmente novedosos. Por un lado el órgano mayor , IIM, es un gran órgano pensado para el uso de los fondos (16’, 8’, 8’ y 4’) para el acompañamiento del canto o un majestuoso pasaje y por otro los registros solistas incluido el repiano y lengüetería interior y exterior del coro. En cambio el tercer teclado se corresponde con un órgano de 13 palmos con un lleno desde el Flautado a la Rezímbala sin más añadido que la lengüetería del respaldo, un órgano clásico.
Por esto creemos que la composición del órgano del Evangelio es realmente especial y sale con éxito de los esquemas realizados hasta entonces.
El estado de conservación en que lo encontramos viene determinado por las modificaciones sufridas siendo la de 1893 la más traumática.
De todas formas se conserva la casi totalidad de los materiales originales y buena parte de ellos en un estado excelente.
Por estas circunstancias la catedral de Segovia es un enclave de relevancia única en el panorama del patrimonio organístico europeo.